Anécdotario

Travesía por la Isla Martín García y Timoteo Domínguez.

 

Travesía Martín García

En los días de la travesía, aprendimos a convivir con las hormigas y los tábanos, al igual que con los mosquitos y las mariposas que fueron nuestros acompañantes cotidianos. Ni hablar de las cotorras que nos aturdían con sus habladurías en las reuniones de consorcio. Pero los seres que más nos asombraron fueron los humanos. Habíamos comenzado con la lectura de “El Principito” pero las historias salieron de sus páginas e invadieron nuestro nuevo mundo. Y los personajes fueron aparecieron a lo largo del camino.
En la lancha que nos llevó a la isla, conocimos “BEE-MAN” (el hombre de las abejas). Un científico del CONICET que investigaba a las especies solitarias que habitaban la reserva intangible. Ponía trampas y observaba los hábitos de estos nobles insectos. Un personaje que con su red y sus cañas desaparecía en la espesura de la selva. A la nochecita caía en el boliche todo transpirado a nadar entre pinta y pinta, ahogándose en un melancólico silencio.
En el campamento, estaba SERGIO, un fotógrafo que documentaba desde hace varios años, a la gente de la isla y estaba armando una muestra de todos sus años de trabajo.
MARÍA ELENA, la unica empleada del Registro Civil. Era como la memoria viva de Martín García. Nos contó la historia, desde el descubrimiento del Río de La Plata, hasta la época oscura del codiciado bastión militar, la explotación de los adoquines, la estadía de Gardel y los presos famosos… Y hasta la historia de la yegua que a nado ayudaba a los presos a recuperar su libertad.
HÉCTOR, fue nuestro maestro en el manejo de las técnicas de los kayaks, nos guió a la punta norte de Timoteo Domínguez y aprendimos a deslizarnos por el río contemplando las estampidas de los cisnes de cuello negro y de las garzas. Llegamos a una playa escondida, casi virgen, con una vegetación prehistórica, donde los cipreses calvos elevaban sus raíces como garras, sobre la superficie de la playa. Al regreso de este paraje paradisíaco contemplamos en medio del río uno de los atardeceres más bellos y calmos.
Luego conocimos a Marcelo el “ANDINAUTA”, enamorado total de la isla. Con él nos internamos por los senderos ocultos de la selva, y descubrimos el avión estrellado, el arenal, el mirador norte, la reserva intangible, Punta Cañón… Hasta armamos una larga travesía vadeando la costa del río donde remolcamos un pequeño gomón con las mochilas y los chicos arriba. Cuando el río se puso profundo y correntoso, tuvimos que dejar el bote escondido en la orilla, para seguir a pie por la costa hostil, llena de espinas y vegetación cerrada. Luego de tanto esfuerzo llegamos a la tierra prometida… El destino se apiadó de nosotros, apareció en medio de la playa un grupo de navegantes que estaban comiendo y brindando con champagne. Al vernos aparecer desde la espesura de la isla, no podían cree que vinimos caminando desde la argentina, y fuimos recibidos con el “maná”, en otras palabras nos dieron unas riquísimas empanadas.
Entre los señores de los yates, estaba el auténtico “DON PIRULO”, el empresario dueño de la cadena de “heladerías Pirulo” de la costa atlántica.
Finalmente conocimos a “EL GERA”, un músico que vivió su infancia en la isla. Después de muchos años regresaba con sus hijos a visitar la tierra de sus afectos. Con él cantamos y Pablo tocó el ukulele. Luego nos enteramos de su historia, nacida con la trova rosarina del rock, hoy es un cantante melódico, de cumbia y cuarteto. Generoso, con una hermosa voz, pero un auténtico “canalla”…
Con ellos, y una naturaleza exultante, hemos compartido la travesía, y descubrimos como “El Principito” que en los lugares distantes y solitarios, puede haber lugar para la amistad y para la belleza. En la isla aprendimos a ver más allá de las apariencias, y hemos experimentado “que lo esencial es invisible a los ojos”… cuando uno mira con el corazón el mundo es mucho más grande y tan hermoso como las puestas de sol.

Por qué Marcelo dejó de usar saco y corbata

Su amigo Miguel Quevedo le pidió que le sacara fotos en el show de su conjunto de rock “Brumas”. Después de salir de un casamiento y sin poder cambiarse de ropa, Marcelo entró trajeado al boliche “Gracias Nena”. Era uno de los antros más “under” de La Chacarita, donde todos los habitúes, vestían riguroso punk, tatuajes y todo tipo de metales clavados en el cuerpo. En medio del pesado recital cae la policía y comienza la racia llevando a los especímenes más sospechosos y alcoholizados. Obviamente en ese contexto de jóvenes con ropa negra, tachuelas y pelos electrificados, uno de los más trasgresores era Marcelo, que vestido de impecable camisa blanca, chaleco, corbata y un maletín no pudo pasar desapercibido. Marchó preso con una custodia como si hubieran detenido a un importante miembro del Cartel de Cali. Veinticuatro horas después de permanecer hacinado en un sucio calabozo y siendo interrogado por un oficial es dejado en libertad por falta de mérito, ya que no existía la causa “portación de elegancia”. Pero sí supieron dejar salpicado con alcohol su legajo, para justificar el imperdonable error policial.

El Pájaro Loco y El Ángel de la Guarda

Buscando con Jorge Onoratti un lugar agreste para acampar, decidieron dividirse y encontrase al anochecer en Villa Ventana. Marcelo fue a hablar con el guardaparque, que le explicó la prohibición de acampar fuera del área marcada para tal fin y los peligros de la fauna salvaje. La insistencia de Marcelo hizo que accediera a darle un lugar recóndito en un campo periférico del parque. Muy contento y con todas las advertencias del funcionario marchó en ese mismo momento a ver el lugar. Se internó en un bosque oculto lleno de ciervos. Era un paraje perfecto con sombra y agua potable. Con la alegría de haber conseguido el sitio ideal, partió rápidamente al reencuentro de su amigo que lo esperaba a unos 10 kilómetros. A esa hora ya había perdido el micro de la tarde, así que decidió emprender el regreso a pie por la ruta. El camino se hizo cuesta arriba en la zona dinamitada del abra de la Ventana y los pocos autos que pasaban no estaban dispuestos a levantar a un barbudo mochilero. Las últimas luces del día fueron tapadas por unas inmensas paredes de roca que bordeaban el camino. Un centenar de pájaros negros comenzaron a revolotear sobre el extraño visitante que osaba pasar frente a sus nidos. En un momento se vio rodeado por una nube de aves enloquecidas que volaban sobre su cabeza. Marcelo comenzó a correr pero fue difícil escaparse de esos seres poco amigables. Uno de ellos se lanzó como una bala sobre él. Lo esquivó y vio como el animal seguía una trayectoria ascendente para luego virar y bajar como un avión acrobático con más impulso que antes. Tomando su morral se protegió la cabeza y al agacharse sintió como si una piedra lo hubiera rozado. Nuevamente el ave tomo altura y repitió la caída parabólica dispuesta a inmolarse contra el supuesto agresor. No habiendo donde refugiarse, Marcelo decidió tirarse al piso del lado de la ruta y proteger lo mejor posible sus órganos vitales. Estando en el suelo divisó las luces de un automóvil que se acercaba y en un ademán desesperado hizo “dedo” desde el piso. El conductor viendo la escena clavó los frenos y detuvo su reluciente coupé a pocos metros del peculiar mochilero. De un salto ingresó al vehículo y balbuceó unas palabras para decirle al conductor si lo acercaba a Villa Ventana. El automovilista sereno, cómo si nada hubiera pasado afirmó moviendo su cabeza mientras levantaba velocidad y clavaba su mirada en el camino. Marcelo helado por el susto tampoco hablaba pero observó que el lujoso auto era manejado por una persona obesa vestida de blanco, con un gorro de golf, camisa, pañuelo de seda, breech y botas de montar. Sin salir del asombro en pocos minutos, fue dejado en Villa Ventana, saludó al conductor y se quedó contemplando como se desvanecía en el oscuro horizonte las luces del Mercedes que llevaba su enigmático salvador.

colimbas

 

¡Urgente y Confidencial!

Cumpliendo el Servicio Militar, un día mandaron a Marcelo a limpiar las telarañas del archivo, y no tuvo mejor idea que gastarle una broma al soldado que se encargaba de recibir la correspondencia. Juntó toda la basura y bichos muertos que había recolectado, la puso dentro de un sobre del ejército con los famosos sellos de “Urgente” y “Confidencial”, luego lo lacró y lo entregó en mano al soldado Lares. De lejos con sus compañeros se fue a ver como reaccionaría el nuevo conscripto al abrir el paquete. Pero este no lo abrió, se asustó de tal manera por el volumen del sobre y sus advertencias, que saltando todas las instancias fue directamente corriendo a la oficina del Teniente Coronel para que tenga el honor de abrir ese sobre tan misterioso. No hubo tiempo para detenerlo. Casi al instante salió el oficial de su despacho enfurecido, con todo su uniforme cubierto de mugre y cucarachas. Lares muerto de miedo y temblando como una hoja, señaló con el dedo a quien le entregó el paquete. Todo el Distrito Militar contempló en silencio las dotes de bailarín de Marcelo, una rutina interminable de salto de rana, carrera y cuerpo a tierra fue rematada con un relajante descanso en el calabozo y finalmente con una privación de su libertad por 20 días. Con esta maniobra suicida Marcelo creció en popularidad en todo el Distrito y se ganó el afecto y la adhesión de los demás soldados, ya que fue el único conscripto que literalmente “basureó” a un oficial de alto rango. El castigo ejemplificador concluyó cuando le descontaron de su mísero sueldo de conscripto una abultada suma de dinero por gastos de tintorería.