Desde que tengo uso de razón, mi viejo solía sorprenderme y me daba vuelta… el mundo era un calidoscopio de extravagancias compartidas.

Idealista y caminante revolucionario, el rojo su color favorito, lo vimos vestido de gloria y vueltas olímpicas.

Él me impulsó en la bici, hasta que disimuladamente alejo su mano… y seguí rodando llevado por su inercia.

Días de pesca en aguas calmas y largos atardeceres de silencio compartido.

Pibe de potrero, era mi padre, y por más que se esforzó, nunca pudo sacarme bueno… ahora, en sus nietos reaparecen sus gambetas que yo no supe dibujarlas.

Tuvieron que pasar varios días como este… y en este juego me tocó ser padre, y es cuando más grande veo su figura.

Muchas cosas tengo que agradecerle, tal vez me hubiera gustado compartir más momentos juntos… su amor generoso hoy sigue en expansión…

Esta foto es más que un instante del tiempo que he disfrutado como hijo, al verla cada tanto me siento nuevamente patas arriba caminando por el cielo y sostenido por la mano de mi padre.