Piedra y Latido.

Entrada al Uritorco

Un guardián majestuoso custodia el portal hacia los secretos del Uritorco.

Regreso con mi mochila a cuestas, dejando que el camino me guíe de vuelta, mientras la llovizna susurra en mi piel. El Uritorco y Las Gemelas, guardianes antiguos, fueron compasivos con mis rodillas y, en su lengua de viento y piedra, me invitaron a perderme en el misterio de sus fragancias y silencios.
Ascender fue un rito, un eco sagrado que no experimentaba hace años. Volví a ser pequeño ante la inmensidad de esas laderas ásperas, donde la piedra y el tiempo dialogan sin prisa. Sobre mi cabeza, el cóndor escribió su danza en el cielo, y entre las grietas, las arañas tejieron sus secretos invisibles.
Cada paso fue aliento, latido, comunión con la montaña. Cada rayo de sol, una caricia. Y en medio de todo, entre notas dispersas en el aire, encontré a Pablo con sus canciones, sonando con una voz dulce y profunda de esta tierra.

Lluvia de Avellaneda.

Dinastía Roja

Amor incondicional por El Rey de Copas

El rito estaba comenzando. La multitud de fieles se desplazaba lentamente bajo la lluvia, mientras el agua bendecía nuestros cuerpos. Todo era rojo y el incienso olía a porro y choripán. Una interminable procesión ingresaba al Libertadores de América. La gala de Avellaneda estaba por comenzar.
Con Seba nos ubicamos en la Bochini Alta. Abajo los bombos y banderas se acomodaban como puzzle en las gradas. Los cantos subían desde la popular. Las tribunas, cada vez más rojas, vibraban como gargantas bajo nuestros pies.
Estaba ahí cumpliendo un sueño, el sueño de mi hijo… el sueño mío. Nuestro deseo tan buscado.

Solo bastó el gol para gritarlo con el alma y estrecharnos en un profundo abrazo. Al lado mío había un gordito, que no paraba de putear, a los jugadores de ambos equipos y al mismo árbitro. Pero no me importaba nos abrazamos igual… estábamos los tres, agarrados mientras el estadio se caía a gritos. Fue un momento sublime, efímero pero profundo… nuevamente saltando con mi hijo y con el recuerdo de mi viejo. Allí en la parte más elevada de la cancha, cerca de las nubes y sintiendo la lluvia que caía por mis ojos con gusto a sal. Fue volver a encontrarnos en la misma pasión llamada Independiente.

Ese día no ganamos, pero con Seba igual pudimos comulgar… Mientras la hinchada salía en silencio, con la tristeza de que se escapó el partido. Una parte de mí se sentía feliz y en paz. Por estar nuevamente, después de varios años viviendo el clásico y ahora acompañado por mi hijo.
Fue mucho más que un partido de fútbol… había algo místico, difícil de explicar, que sólo se puede entender desde la pasión. Sentí por un momento que el cielo se unía con el infierno, bajo la dulce lluvia de Avellaneda.

Retrato con papá.

Desde que tengo uso de razón, mi viejo solía sorprenderme y me daba vuelta… el mundo era un calidoscopio de extravagancias compartidas.

Idealista y caminante revolucionario, el rojo su color favorito, lo vimos vestido de gloria y vueltas olímpicas.

Él me impulsó en la bici, hasta que disimuladamente alejo su mano… y seguí rodando llevado por su inercia.

Días de pesca en aguas calmas y largos atardeceres de silencio compartido.

Pibe de potrero, era mi padre, y por más que se esforzó, nunca pudo sacarme bueno… ahora, en sus nietos reaparecen sus gambetas que yo no supe dibujarlas.

Tuvieron que pasar varios días como este… y en este juego me tocó ser padre, y es cuando más grande veo su figura.

Muchas cosas tengo que agradecerle, tal vez me hubiera gustado compartir más momentos juntos… su amor generoso hoy sigue en expansión…

Esta foto es más que un instante del tiempo que he disfrutado como hijo, al verla cada tanto me siento nuevamente patas arriba caminando por el cielo y sostenido por la mano de mi padre.

Retazos y pinceladas de su vida.

Desde chico, como su padre, tuvo una gran vocación por las tablas. Quiso incurrir como bailarín, músico, y comediante pero su timidez y los ataques de pánico escénico truncaron su prematura carrera artística. A fuerza de su tozudez e insistencia abordó los escenarios dirigiendo pequeñas obras y realizando espectáculos audiovisuales. Pero finalmente enfrentó al gran público cuando comenzó a dar clases de publicidad y producción gráfica para adolescentes que no tenían el menor interés en su materia y debía mantenerlos atentos durante las horas de clase.

Sin haber estudiado en Harvard su formación fue de lo más variada e incompleta: Electrotécnico, Maquinista Naval, Educador, Comunicador, Publicista, Diseñador, Fotógrafo, Documentalista, Recreólogo, Terapista Capilar, Bombero y Guía de Montaña. Incomprendido por su familia y amigos pudo plasmar estas diversas formas del saber en una profesión tan amplia como ambigua: “Creativo”. 

En el terreno deportivo incursionó desde muy temprana edad en varias disciplinas: En fútbol no se destacó pero supo cumplir con precisión las consignas del entrenador: quedarse callado y sentado en el banco. En la plaza con sus amigos casi siempre jugaba de arquero ya que era el puesto que obtenía de forma automática al ser el último elegido del “Pan y Queso”.
También probó las artes marciales: judo y karate. Después de muchos golpes y esfuerzo para esquivarlos descubrió que se escondía en él un gran pacifista; un verdadero cinturón blanco de la paz.
Luego intentó con el básquetbol, donde mostró una gran habilidad en las pelotas bajas y en sorprender al contrario con carreras rápidas y repentinas que por lo general terminaban detrás del aro. A pesar del esfuerzo no pudo perfeccionar su técnica, ya que no estaba a la altura de las circunstancias ni de los contrincantes.
De adolescente jugó en una liga de sóftbol desafiando a equipos de principiantes y veteranos, compartió la cancha con jugadores conocidos por su talla como Alfredo Casero y Juan José Miramontes.
Finalmente de joven en su corta carrera náutica practicó natación de forma poco ortodoxa ya que se tiraba del trampolín parado, con ropa y nadaba en círculos con la cabeza afuera sin tocar el borde de la pileta. 

En el plano amoroso nunca dejó de ser fiel a sí mismo. Ya de grande tuvo novias adolescentes y vivió un motón de situaciones que mostraban su inmadurez para con el otro sexo. Fue sorprendido en situaciones comprometidas varias veces y finalmente a los 35 años comenzó a dejar su pubertad. María Laura le regaló 3 hijos maravillosos. 

Marcelo es un agradecido de la vida y aún hoy vive un niño dentro de él. Su biografía esconde una hermosa historia que merece ser leída e interpretada por un psicoanalista.

chicos_playa Sus hijos: Pablo, Sebastián y Santiago (2006).